Estadistica de fallos en desfibrilador implantablr

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Corazón. Parada cardiaca súbita en atletas jóvenes

Se calcula que en EE.UU., entre 180.000 y 450.000 pacientes al año sufrirán un episodio de muerte súbita cardíaca (MSC), y la MSC puede ser también la primera manifestación de una enfermedad cardíaca.1 El desfibrilador cardioversor implantable (DCI) se inventó como un método novedoso para el tratamiento de la MSC. Antes del desarrollo de los DAI, se utilizaban medicamentos antiarrítmicos para tratar a los pacientes con riesgo de sufrir una MSC. Varios ensayos históricos, como el Cardiac Arrhythmia Suppression Trial (CAST) realizado en la década de 1980, pusieron de manifiesto la inadecuación de los medicamentos para el tratamiento de los pacientes con riesgo de MSC.2,3 Desde el primer implante en 1980, los CDI se han vuelto más complejos y sofisticados y ahora se consideran una opción esencial para el tratamiento de la MSC.

Con la llegada de la unidad de cuidados coronarios en la década de 1960, las tasas de mortalidad tras un infarto de miocardio (IM) disminuyeron.4 Esta reducción de la mortalidad fue multifactorial, pero en gran parte se debió a un personal de enfermería dedicado, a la intensa monitorización de los pacientes y a la detección y desfibrilación tempranas de las arritmias malignas.4-6 En la década de 1970 se concibió y desarrolló un dispositivo implantado que podía desfibrilarse de las arritmias ventriculares malignas. Un equipo de investigadores dirigido por Michel Mirowski, William Staewen y Morton Mower, del Hospital Sinaí, fabricó un prototipo adecuado para realizar pruebas in vivo. En 1980, implantaron con éxito los CDI en tres pacientes que sufrían fibrilación ventricular (FV).7,8 Aunque fueron recibidos con escepticismo al principio, los CDI han madurado rápidamente hasta convertirse en una terapia establecida con beneficios constantes, incluida la mejora de la supervivencia, tal y como se identificó en varios ensayos clínicos de referencia.

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Se utilizó el registro prospectivo de DAI Erasmus MC para identificar todos los cables implantados Linox S/SD (n = 408), Durata (St. Jude Medical, modelo 7122) (n = 340) y Endotak Reliance (Boston Scientific, modelos 0155, 0138 y 0158) (n = 343). El fallo de los electrodos se definió por la impedancia de bajo o alto voltaje, el fallo de captura, sensado o desfibrilación, o la presencia de señales no fisiológicas no debidas a interferencias externas.

Durante una mediana de seguimiento de 5,1 años, fallaron 24 cables Linox (5,9%), 5 Endotak (1,5%) y 5 Durata (1,5%). A los 5 años de seguimiento, la tasa de fracaso acumulada de los electrodos Linox (6,4%) fue mayor que la de los Endotak (0,4%; P < 0,0001) y Durata (2,0%; P = 0,003). La tasa de incidencia fue mayor en los electrodos Linox (1,3 por cada 100 pacientes-año) que en los Endotak y Durata (0,2 y 0,3 por cada 100 pacientes-año, respectivamente; P < 0,001). Un análisis logarítmico del riesgo acumulado de funcionamiento de los electrodos Linox a los 3 años de seguimiento reveló una tasa de fracaso estable del 3% anual. La mayor parte de los fallos fueron por ruido (62,5%) y por impedancia anormal (33,3%).

Desfibrilador y DEA Mejores Prácticas – Salvar vidas, una prueba por

Figura 1. Tasa de implantación de desfibriladores cardioversores implantables (DAI) por millón de habitantes en los principales países europeos, 2016-2020.(0.19MB). Los datos del registro español muestran que el implante de DAI para prevención primaria ha ido aumentando lentamente, en línea con el patrón observado en otros países europeos (figura 2).16,17 Sin embargo, la proporción de pacientes con miocardiopatía no isquémica que reciben un DAI en España es baja y disminuyó significativamente tras la publicación del ensayo DANISH en 2016, aunque la situación parece haber mejorado algo en el último año.17

Clínica Mayo – Historias del corazón Sesión 3

En una revisión sistemática (1) de pacientes adultos con disfunción sistólica del VI (independientemente de si los pacientes han tenido síntomas de insuficiencia cardíaca), el 86% de los cuales tenían síntomas de clase II o III de la New York Heart Association, los CDI redujeron la mortalidad por todas las causas en un 20% (IC del 95%, 10% a 29%) en los ECA, en gran parte debido a una reducción relativa del 54% de la muerte súbita, y en un 46% (IC, 32% a 57%) en los estudios observacionales.  Así pues, la eficacia del tratamiento con CDI está definitivamente demostrada. Recientemente se han calculado los años de vida ganados y los costes por año de vida salvado en algunos ECA importantes (2); se recogen en la tabla 1. Tabla 1: Coste-eficacia del CDI en diferentes poblaciones (de Sanders, N Engl J Med 2005; 353: 1471-80)

Los estudios observacionales demostraron una menor frecuencia de muerte no cardíaca en los receptores de DAI (RR, 0,74). Este hecho sugiere que los clínicos seleccionan a pacientes más sanos para la inserción de DAI, y esto probablemente explica el mayor beneficio aparente de los DAI en la mortalidad por todas las causas en los estudios observacionales que en los ECA. Aunque existe un beneficio definitivo en los pacientes con antecedentes de taquiarritmias ventriculares y en los que se encuentran en clase II o III de la NYHA, una metarregresión post hoc que utilizó los datos agregados de los ensayos de 12 ECA no mostró una asociación significativa entre la proporción de pacientes con síntomas de clase I y la reducción de la mortalidad (p = 0,13). Del mismo modo, los resultados de los ensayos no son concluyentes para los pacientes en clase NYHA IV (p=0,62) (Tabla 2).        Tabla 2. Qué pacientes deben ser considerados para el DCI.